No sabes cuánto lamento, que las cosas no se dieran como queríamos.
Era algo de esperar, que terminara así, tal cual lo hizo.
¿A quién queríamos engañar? si a pesar de tener tantas cosas en común, no pudimos dejar atrás todas las manías, todo el orgullo, todo lo que nos destruyó.
Quizá lo único que me queda por decir es que realmente te amé, -no- realmente te amo y eso me está acabando.
No sabes cuánto lamento, que las cosas no se dieran como queríamos.
Era algo de esperar, que terminara así, tal cual lo hizo.
¿A quién queríamos engañar? si a pesar de tener tantas cosas en común, no pudimos dejar atrás todas las manías, todo el orgullo, todo lo que nos destruyó.
Quizá lo único que me queda por decir es que realmente te amé, -no- realmente te amo y eso me está acabando.
A nadie se le ruega, porque quien quiere estar contigo lo está de corazón, sin pretextos, sin mentiras, está ahí porque te quiere. Quien se hace el importante, quien se hace “del desear” y quien solo espera que la otra persona haga todo y quien todavía se atreve a reclamar aquello, justificando el daño que te causa, ellos, son quienes no valen la pena. Por más que quieras a alguien, nadie se merece el sentimiento de no saber si lo quieren o no, nadie merece el sentir que no es suficiente para la otra persona, nadie merece hacer sentir que no vales, como mujer o como hombre. Nadie debe tratarte como si fueras su juguete, nadie merece ese trato. Porque quien lo hace, es que verdaderamente, no te quiere, y lo que es peor para aquella persona y mejor para ti, es que aquel o aquella no vale tus penas, ni tus lágrimas, no merece tus sonrisas ni tus esfuerzos. Quien te merece, va a luchar por ti, habrá un esfuerzo mutuo, pelearán las batallas de a dos, no de a uno. Todos merecemos a alguien que cada día nos haga felices, quien se esfuerce, mereces una relación donde las cosas sean justas, donde ambos sean felices y se esfuercen por el otro, solo porque lo aman. Donde tengas más alegrías que tristezas.